jueves. 30.05.2024

RCD Mallorca: el exitoso binomio club-empresa

Pasados ya unos días de la gran final de la Copa del Rey de fútbol donde nuestro Mallorca cayó con todos los honores quedando a las puertas de su segundo título del torneo del KO, puedo dejar ya los sentimientos a un lado, controlar las emociones vividas y reflexionar acerca de la trayectoria emprendida por un club centenario como el que habita Son Moix desde que está en manos de una propiedad norteamericana hace casi una década.

El éxito vivido recientemente -sí, éxito pese a la derrota- no se entiende sin el cambio experimentado por el RCD Mallorca desde el aterrizaje de Kohlberg, Nash y compañía allá por enero de 2016. Con el extenso bagaje en la gestión de un club NBA de la trayectoria de Phoenix Suns a sus espaldas, los empresarios y ex deportistas de EE.UU. apostaron aquí desde el principio por un proyecto a largo plazo.

Vivieron la parte más triste de la historia reciente del club, el descenso a la 2ªB, compensada por la alegría de un doble ascenso posterior a Primera y la consolidación en la máxima categoría (si no se tuerce el final de Liga, la temporada que viene jugaremos por cuarta vez consecutiva entre los grandes de España).

Siempre con la mirada puesta en la trayectoria deportiva, la actual propiedad ha dedicado no pocos esfuerzos a la parte empresarial y social. Junto con ampliaciones de capital que han saneado el club, en su debe está el crecimiento de la masa social (los 20.000 socios son un hito nunca alcanzado), la espectacular reforma de Son Moix hasta convertirlo en un estadio de fútbol moderno y toda una serie de iniciativas destinadas a expandir el club siempre ligado a las tradiciones mallorquinas, las peñas, los pueblos de la Isla… Sin duda, hablamos de un proyecto bien ideado por una dirección que ha sabido conjugar la gestión empresarial con la idiosincrasia tan particular de la afición mallorquinista y la sociedad mallorquina en general, sin olvidar el espectáculo que los norteamericanos priorizan alrededor del deporte profesional.

El último episodio, el inolvidable desembarco de 20.000 mallorquinistas en La Cartuja de Sevilla, ha sido el mejor ejemplo. En una logística de tal magnitud siempre hay ‘peros’ o situaciones a mejorar aunque no dependan directamente del club (el caótico viaje de aficionados en barco, la extraña adjudicación de las entradas ‘neutras’ y de nuestro fondo a la afición del Athletic…), pero que en ningún caso ensombrecen el trabajo de los diferentes departamentos del Mallorca. Me consta que se han volcado en la organización y movilización del mallorquinismo, una afición entregada como nunca ante la cuarta final de Copa de su historia.

La directiva ha respondido a las expectativas creadas en aquello que estaba en su mano destacando, entre otras, una Fan Zone de lujo para todos los que pasamos por allí durante las horas previas al partido… En las 4 finales previas (las otras 3 de Copa y la de la Recopa de Europa) que ya viví en directo, no recuerdo nada igual.

Pero, sobre todo, lo que la propiedad norteamericana ha comprendido perfectamente, y así lo demuestran los directivos que llevan el día a día del RCD Mallorca, es que un club profesional se debe a su masa social, han asumido que son los aficionados con su apoyo los que sustentan el día a día del equipo y han trabajado en arrastrar, aumentar e implicar a la juventud de toda la Isla en este proyecto porque es la clave para que siga creciendo en el futuro.

Hemos tenido propiedades mallorquinas y nacionales de gran trayectoria y reconocimiento (Miquel Contestí, la familia Asensio con el doctor Beltrán a la cabeza), otras variopintas, extravagantes y también de empresarios locales que no acabaron de la mejor manera. Pese a la desconfianza que siempre impera en la forma de ser mallorquina, con los actuales rectores del RCD Mallorca hay que quitarse el sombrero. El tiempo dirá si su estancia en la planta noble de Son Moix resulta más exitosa, regular o acaba en desastre, pero hasta la fecha los logros superan con creces los errores. El Mallorca es un sentimiento, de eso no tenemos dudas sus seguidores (como quedó de nuevo plasmado en la inolvidable grada bermellona de La Cartuja), y los Kohlberg, Nash y compañía lo han captado a la perfección. Con continuidad, la imborrable noche sevillana no será la última.

RCD Mallorca: el exitoso binomio club-empresa