miércoles. 17.04.2024

La multiculturalidad del rugby como ejemplo

Sergios

En un otoño donde el estallido del enésimo enfrentamiento entre palestinos e israelís ha vuelto a retratar la peor versión del ser humano -si es que a algunos se les pueda calificar como tal-, sin olvidarnos de la guerra en Ucrania, estancada ante la llegada de su segundo inverno, he tenido la ocasión de recobrar parcialmente la confianza en nuestra especie con motivo del Mundial de Rugby celebrado en Francia durante septiembre y octubre pasados.

Me he sentido un privilegiado por poder asistir en directo a dos fantásticos partidos de cuartos de final en el espectacular Stade Vélodrome de Marsella. Dos citas, Gales-Argentina y Fiji-Inglaterra, luchadas hasta la última gota en el césped por grandes selecciones, donde los valores del rugby fueron elevados al máximo exponente. Pero, sobre todo, fue un fin de semana compartido con miles de personas de diferentes nacionalidades, e incluso continentes, lleno de entusiasmo, alegría, celebración y tristeza compartidas… y, lo mejor de todo, cero problemas.

Respeto por el rival, igualdad, apoyo incondicional, capacidad de superación, defensa de lo tuyo sin perjudicar al prójimo… y muchas ganas de vivir una gran experiencia (en mi caso única) fueron los ingredientes que llenaron las calles de Marsella mayoritariamente de aficionados británicos, argentinos, franceses, junto con otras minorías procedentes del resto del Mundo, incluidos los exóticos seguidores de Islas Fiji. Todos juntos, mezclados, por los rincones y plazas marsellesas, en chiringuitos transformados en ‘fan zones’ improvisadas, pubs, restaurantes, etc. donde los animosos seguidores festejaron sus triunfos o la simple experiencia de vivir in situ la tercera competición deportiva más seguida del Planeta, sólo por detrás del Mundial de Futbol y los Juegos Olímpicos.

Asistí a celebraciones sin peleas ni insultos, compartiendo espacios entre culturas y gentes de medio planeta. Nada que ver con otras competiciones donde supuestos aficionados descargan sus frustraciones sobre los demás, sin el más mínimo decoro ni comportamiento educado. En Marsella, y me atrevería a decir en todas las sedes francesas donde se ha celebrado el Mundial de Rubgy 2023, los valores del deporte del oval se han vuelto a imponer, dando una muestra de educación y comportamiento ejemplar ante la mirada de millones de espectadores.

Gran parte de estos valores son trasladables al mundo de la empresa, como he podido comprobar en muchas de ocasiones y se ha vuelto a poner de manifiesto recientemente por varios de los protagonistas de la jornada organizada por Esment ¿Cuál es tu huella? Un evento que dio voz a las iniciativas y empresas que aportan valor, no sólo a la sociedad en general, sino dentro de las plantillas, entre sus propios trabajadores.

Así lo expusieron los directivos de Meliá, Iberostar o Melchor Mascaró, quienes defendieron el esfuerzo, la ilusión, las ganas de aprender y mejorar, el compañerismo o la convivencia que debe contagiarse entre la gente que forma parte ya sea de grandes multinacionales como de las pequeñas empresas, que son la mayoría de nuestro tejido empresarial.

Aparte de las mencionadas, en Baleares son muchos los ejemplos empresariales que comparten estos valores, reconocidos a nivel nacional e internacional, y que están poniendo todo su trabajo, capacidad de innovación y transformación digital y sostenible para seguir acogiendo con la mayor profesionalidad posible a los millones de turistas que nos visitan cada año. No sólo a británicos y alemanes, nuestros principales mercados, sino también a otros emergentes como el norteamericano, que está descubriendo Baleares gracias a los vuelos directos establecidos en 2022.

Porque nuestro Archipiélago también es multicultural, tanto a nivel de residentes como especialmente de visitantes. Debemos ser capaces de seguir evolucionando, conviviendo y adaptando la llegada de los turistas con la misma reconocida capacidad que nos ha distinguido hasta la fecha. Las imágenes de la Rugby World Cup transmitidas desde la vecina Francia son un excelente ejemplo.

La multiculturalidad del rugby como ejemplo
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