martes. 07.07.2026

El interés general, señorías

La semana pasada decía adiós al Congreso de los Diputados el peneuvista Aitor Esteban, uno de los parlamentarios más distinguidos tanto por su larga trayectoria en el edificio de la Carrera de San Jerónimo como por sus dotes desde el atril. Un político respetado por la mayoría gracias al señorío demostrado, alabado por sus interlocutores -la ideología fantasiosa del PNV queda al margen-, y al que siempre me gustó escuchar por su educación y buen talante, algo casi olvidado en la Cámara Baja.

En su despedida, Esteban, entre otras cosas, se acordó de los jóvenes a los que instó a implicarse en la política y no darle “la espalda”. "Esto es mucho más que el ruido que se escucha y se ve en la tele; se pueden hacer muchas cosas por el bien común. Los animo a que se mojen en política, en eso consiste la democracia", argumentó el nuevo presidente del PNV.

Una petición loable, sin duda, de alguien que cree en la política, entre otras cosas porque ha hecho su vida entorno a ella. Pero unas palabras que se alejan profundamente de la realidad de ese “bien común” porque la mayor parte de la sociedad tiene otras preocupaciones más allá de las descalificaciones o el ‘y tú más’ en el que se ha instalado la clase política. Los jóvenes, los no tan jóvenes y los mayores ansían de sus gobernantes soluciones a los problemas reales: acceso a la vivienda, buenas oportunidades laborales, mejores planes de estudios, seguridad jurídica, protección ciudadana o poder disfrutar de lo tributado tras la jubilación, por citar las más comunes. En definitiva, aquello que conocemos por el interés general. Y es precisamente el interés general el que parece olvidado en las decisiones que toman quienes ostentan el poder.

Hace tres años, uno de los primeros artículos con los que iniciaba esta colaboración con Economía de Mallorca reflexionaba sobre la invasión rusa de Ucrania que ababa de estallar y que era incapaz de explicar a mis hijos. Tres años después, el retorno de Trump a la Casa Blanca parece haber movido el tablero geopolítico en busca de una tregua o una solución que ni la Unión Europea, ni la ONU ni por supuesto desde Rusia parecían vislumbrar.

Obviamente, la Casa Blanca ha puesto sus ojos en el beneficio propio que puede obtener con el cese de la guerra y todos los organismos internacionales y/o los países involucrados han saltado como resortes para no quedarse al margen del reparto post conflicto. Pocos reparan ya que hace más de 36 meses que está muriendo gente inocente, indefensa, una población ucraniana que lo está perdiendo todo. Todos tenemos ucranianos desplazados conviviendo entre nosotros y escucharlos de vez en cuando te hace ver qué poco importa su futuro en la resolución de esta guerra. De nuevo, el interés general de la población local brilla por su ausencia.

En casa, en España, lo vemos también a diario. Las discusiones banales o batallas cainitas entre partidos mantienen en un segundo plano el progreso y bienestar ciudadano. La falta de estabilidad parlamentaria es una losa para el crecimiento económico y social, una situación que no hace tanto se hacía inverosímil que se alargara en el tiempo en nuestras instituciones.

El mismo ejemplo lo estamos viendo aquí en Baleares. La falta de vivienda asequible es el gran problema que padece la sociedad, un diagnóstico compartido por todos sin discusión. Pues bien, una de las propuestas largamente reclamada por las asociaciones empresariales del sector que podría agilizar la tramitación de unas 20.000 viviendas en los próximos años en Palma -una de tantas medidas, no la única, que son necesarias para dar luz a este callejón sin salida-, pende de un hilo por disputas o intereses partidistas difíciles de entender para la mayor parte de la ciudadanía. Esperemos que, en esta ocasión sí, acabe primando el interés general.

El interés general, señorías