Hace unos días el Govern balear presentó la primera Oficina del Autónomo de las Illes Balears, concebida como una ventanilla única para atender a las personas trabajadoras autónomas y a todos aquellos que quieren emprender. Sólo en nuestras Islas, unos 109.000 potenciales usuarios. Casi nada.
Esta medida, que está diseñada para dar respuesta a las incontables dudas y pasos a dar que debe afrontar cada emprendedor, no es la única puesta en marcha por el Ejecutivo balear. Recientemente también se ha anunciado el llamado ‘escudo del autónomo’ para compensar las cuotas durante los dos primeros meses de baja si cualquier profesional por cuenta propia sufre alguna enfermedad o contratiempo de salud. Bienvenida sea igualmente.
Estas y otras medidas, unidas a las que vayan encaminadas a la deseada reducción de la burocracia, se entienden como imprescindibles si uno se detiene a pensar en cualquier negocio o comercio local, concretamente en micropymes de menos de 10 trabajadores (muchas de ellas incluso de menos de 5), que forman el 95% del total de empresas en Baleares. En nuestra Comunidad Autónoma hay unas 98.000 microempresas, si bien no todas son de autónomos porque también corresponden a sociedades limitadas u otras formas jurídicas.
Autónomo o pequeño empresario, en cualquiera de sus diferentes versiones, son los que sufren toda clase de vicisitudes día a día, como el incremento de los costes por crisis geopolíticas, falta de personal, absentismo injustificado, impuestos de todo tipo, vaivenes normativos, etc. Son estos emprendedores o pequeños empresarios los que deben sortear toda clase de obstáculos sin un gestor en plantilla dedicado 100% a solucionarlos. Deben encontrar tiempo extra del que no disponen, más allá de su respectiva jornada laboral atendiendo a sus negocios, para hacer frente a los problemas que nuestra terrible burocracia no se cansa de plantear.
Y son precisamente estos pequeños empresarios los que debemos tener en mente cuando hablamos de proteger la economía local, la que permite mantener el carácter propio de una ciudad o pueblo. Es el bar de enfrente que al segundo día ya conoce tu desayuno, cómo tomas el café con leche; es la tienda de ropa donde puedes encontrar los zapatos artesanos de toda la vida; es la farmacia que siempre te atiende con amabilidad, la frutería que te sugiere el género más apetecible o el menos perecedero, o tu club deportivo donde te encuentras como en casa. Los que te reciben con tu nombre de pila.
Son todos ellos, profesionales sin renombre ni grandes presupuestos, los que dan color y autenticidad a tu barrio, los que te hacen sentir querido y los que ten dan sentimiento de pertenencia. Los autónomos y pequeños empresarios, el 99% del tejido económico nacional y balear, se levantan cada día con la mejor de sus sonrisas y deseos en sacar adelante su negocio y dar servicio a sus clientes: nosotros, sus vecinos residentes, amén de todos aquellos que nos visitan cada año. Son ellos -sin la imagen de chaqué ni puro en la boca con la que injustamente trata de ridiculizarlos y menospreciarlos una parte (pequeña) de nuestra sociedad-, los que contribuyen junto con las grandes empresas a generar empleo y riqueza en beneficio de todos.
Y, ellos, especialmente ellos, son los que esperan que sigamos confiando en su trabajo, en su dedicación y especial sensibilidad. Son, especialmente los autónomos y pequeños empresarios, sin cara ni rostro conocido, los que merecen todo nuestro apoyo y comprensión.
