lunes. 15.04.2024

¿Qué es la colaboración?

El término colaboración ha tenido diferentes acepciones a lo largo de la historia, los tipos de actividades o los idiomas en los que se ha utilizado. Por lo tanto, es posible que, cuando utilicemos “colaboración” no estemos interpretando lo mismo.
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En un nivel básico, colaborar significa trabajar juntos. Y, en este sentido, es necesario establecer:

  • Las condiciones de la colaboración: identificar expectativas y necesidades comunes, concertar el trabajo colectivo y la aportación de las partes, sus retornos y sus riesgos.
  • Una configuración conjunta: orientar a los participantes a un objetivo acordado conjuntamente, construyendo confianza, tomando conciencia del conocimiento mutuo y del valor de cada contribución, y ordenando actividades y roles, para generar la base de futuras decisiones y soluciones.

 

Además, a fin convertir en realidad el propósito originario y no solo orientarse a un resultado puntual, requiere una preparación significativa, desde lo tecnológico a las habilidades personales.

Puede parecer que la colaboración es una interacción natural, pero no siempre es así. Una actitud, habilidades e ideas equivocadas, puedes convertir la colaboración en una interacción unilateral, en la que una persona domina e impone su punto de vista y las partes se neutralicen. Así que es necesario crear, tanto las circunstancias que harán que esa colaboración tenga más probabilidades de ocurrir, como las que la sostengan en el tiempo. Para ello, es necesario que cada caso cuente con un tipo de colaboración adecuada y una configuración ajustada a sus necesidades. Sin olvidar, además, que no es necesario colaborar siempre.

¿Cómo se colabora?

Para colaborar es necesaria la combinación de conocimientos y capacidades para generar nuevos productos o servicios que no existían antes para ninguna de las partes, a partir de la incorporación del valor de quienes colaboran. Por tanto, colaborar no es sumar, sino de dar añadir beneficio a todas las partes implicadas.

A menudo, se ha interpretado la colaboración como una actividad basada en la generosidad (filantropía), que atendía a las necesidades de un tercero, con el que hacerse solidario y actuar aparentemente sin esperar retorno alguno. Pero, en innovación colaborativa, hablamos de maximizar el valor para todas las partes implicadas, a través precisamente de esa colaboración. Aunque es necesario saber que, en innovación la colaboración introduce altos niveles de incertidumbre y opera a medio/largo plazo.

En contrapartida, la colaboración acelera la velocidad de la innovación, ya que disponer de más capacidades permite un desarrollo más rápido de soluciones (ciencia, tecnología, modelos de negocio, soluciones sociales…). Un ejemplo: tras más de 242 años de historia, 2012 fue el último año en que se imprimió la enciclopedia británica; un modelo de colaboración sin precedentes promovido por Jimmy Wales, Wikipedia, se había fundado en 2001.

Innovar en colaboración
En las últimas décadas se están generando nuevos modelos de negocio y nuevas formas de trabajar aprovechando el potencial de la colaboración. Uno de sus resultados más llamativos es lo que se ha venido en llamar economía colaborativa o consumo colaborativo.

El éxito de estos modelos reside en su enorme potencialidad para integrar la colaboración provocando un efecto red. Éste se da cuando el valor de un producto/servicio se incrementa al crecer el número de usuarios (herramientas de comunicación social, plataformas de valoración, de uso de bienes, de recursos en desuso, de mercados de profesionales, de supermercados colaborativos…). Muchos son los ejemplos que demuestran que quienes son capaces de identificar oportunidades a través de la colaboración han dado con verdaderos océanos azules. 

Colaborar en innovación
Es raro que las innovaciones sean totalmente nuevas. En la mayoría de los casos combinan elementos pre-existentes, pero de maneras diferentes. Esto supone ser el resultado de sucesivas iteraciones (prueba-error) y de una experiencia previa de éxitos y fracasos. Y con frecuencia, los recursos necesarios están fuera de las organizaciones.

Eso no significa que las innovaciones sean desarrolladas por individuos que actúan de forma aislada. Más bien al contrario, las personas innovadoras necesitan activar su capital social para interactuar con otras de diferentes equipos, de diferentes lugares, o de diferentes sectores. Quienes cuentan con la posibilidad y la habilidad de hacerse con estas capacidades tendrán más oportunidades para llevar a buen puerto sus iniciativas innovadoras. Son diversas las formas en que se pueden articular los esfuerzos necesarios que dan pie a la innovación colaborativa. 

¿Qué es la colaboración?