domingo. 26.05.2024

No busque un trabajo, busque un proyecto

No busque un trabajo, busque un proyecto

 

Esta frase la utilizo cada vez más en sesiones de coaching, de entrenamiento o en conversaciones informales. Y no es nueva, es pre COVID.

 

Mucho antes de que el entorno anduviera muy revuelto, ya se había diluído el concepto de "un trabajo seguro y estable”. Ya se sabía que "no hay más seguridad que la que cada uno tenga en sí mismo”. Los jóvenes no valoran tanto la seguridad como la empleabilidad. Quieren trabajar en algo que tenga sentido y donde puedan activar sus competencias. Aunque la demanda sea mucho menor que la oferta y se reduzcan las expectativas, en el fondo aspiramos a realizar un trabajo significativo que sea coherente con nuestros deseos. Sabemos que motivar no es dar ánimos; es dar motivos.

 

En la actualidad, las cosas han cambiado drásticamente a nivel empresarial. Nos enfrentamos a un tsunami de dimensiones gigantescas. El entorno se ha vuelto caótico y genera un nivel de incertidumbre desconocido. El mercado se ha desplomado y se trata de sobrevivir tomando decisiones para mantenerse a flote y tapar las vías de agua.

 

Pasado ese zafarrancho, las empresas se empezarán a preguntar cómo han de adaptarse a este contexto difuso donde habrá que asegurar la continuidad, haciendo frente con una exigua liquidez y cuidando a las personas que, en definitiva, son las que mantendrán a flote la empresa.

 

Se necesitará adecuar, de manera permanente, las estrategias y estructuras, eliminando ineficiencias e incorporando toda la innovación que sea posible. El objetivo es sobrevivir, con la esperanza de que la situación se estabilice un poco y podamos pensar a medio plazo, es decir, levantar un poco la mirada y poder hacer otras preguntas sobre hacia dónde evoluciona el mercado, qué nuevas oportunidades están apareciendo para tener pistas sobre los nuevos productos y servicios.

 

Se necesitará una nueva priorización de estrategias en un tiempo de avances y retrocesos continuados. No tenemos ni idea de cuándo ocurrirá eso, aunque sabemos que ocurrirá y acabaremos con una nueva normalidad, líquida y diferente a la que conocíamos, pero que generará muchas oportunidades.

 

CAMBIAN LAS RELACIONES. En esencia, lo que está cambiando son las relaciones: con el entorno, con el mercado, con el trabajo. En mi opinión, el título de este artículo adquirirá una nueva dimensión. Las empresas aligerarán sus estructuras y se adaptarán algunos modelos organizativos diferentes. Un ejemplo es la organización en trébol, formada por tres áreas diferenciadas. La primera, el núcleo duro, donde estará el conocimiento de la organización y sus capacidades esenciales; la segunda, la subcontratación de los trabajos no esenciales y la tercera, el trabajo flexible por proyectos, donde se contratará, por tiempo definido, a personal cualificado para desarrollar trabajos específicos. No es una organización nueva pero ahora adquiere una dimensión diferente.

 

Aparece aquí la figura del interim manager.

 

El entorno actual está lleno de talento, de profesionales que tienen experiencia en gestión y dirección de proyectos y de personas, con una alta motivación y acostumbrados a asumir responsabilidades. No podemos permitirnos no aprovechar ese enorme talento. Las empresas tienen la posibilidad de incorporar a esos profesionales para proyectos concretos con la garantía de su experiencia, dedicación y capacidad de aprendizaje.

 

Acuerdan unos objetivos durante un tiempo concreto, sin que afecte a los costes fijos de la empresa y refuerzan temporalmente el área de ese proyecto. Ya sea una sustitución, una implementación de un cambio necesario, a

desarrollar un nuevo mercado, estos profesionales son capaces de arrancar, implementar y consolidar aspectos de transformación organizacional que la empresa necesite.

 

REINVENTARSE ES LA OPCIÓN. Pero no todos sirven para ese cometido. Haber trabajado en una empresa durante muchos años no es garantía suficiente. “La experiencia nos hace tontos”, decía mi mentor, ya que nos da las herramientas para solucionar los problemas de ayer, no los de hoy o los de mañana. Las certezas que tenemos ya no sirven porque nos vienen de un pasado que ya no existe.

 

Tenemos tres opciones para ajustarnos a lo que viene: adaptarnos (reactivo), anticiparnos (un poco menos reactivo) y reinventarnos (proactivo). Si quiere optar a ser interim manager tiene que reinventarse y es condición necesaria plantearse una transformación personal, siendo capaz de reinterpretar y cuestionar lo que está ocurriendo.

 

No piense que se consigue leyendo un libro o haciendo un curso. Es un proceso de reflexión-acción en donde se revisan las creencias, patrones de pensamientos y valores, que son nuestros potenciadores o inhibidores del

cambio personal.

 

Desprenderse de creencias limitadoras, identificar miedos, incorporar en la conducta valores que le permitan asumir riesgos y retos. Su capacidad de impacto e influencia necesita incrementarse a nuevos niveles. Si puede, no lo haga solo. Es un proceso que necesita una cierta sistemática.

 

Como ya sabía, no son suficientes sus conocimientos técnicos ni su experiencia pasada. El coraje y la audacia van a tener que ser visibles en las entrevistas que le hagan como posible interim manager. Si está en esa tesitura

le toca reinventarse, crear su propia marca personal y desarrollar su autoliderazgo. Primero, usted como un nuevo proyecto. Y eso sí es posible hacerlo.

No busque un trabajo, busque un proyecto