domingo. 14.04.2024

Aprender a descansar

Hace poco, en una sesión donde se compartían experiencias y reflexiones, una ejecutiva joven habló sobre cómo el cansancio la estaba afectando. Se preguntaba, como muchos de nosotros, ¿cómo se supone que encontramos tiempo para descansar con tanto que hacer y tantas metas que queremos alcanzar? Comentó que se siente tan agotada que ni siquiera puede pararse a pensar bien antes de tomar una decisión. Y, entre el jaleo del trabajo y cuidar a sus dos peques, el descanso se dibujaba como un sueño imposible.

 

Parece que, en estos días, donde todos queremos ser profesionales de la productividad, tomarse un respiro es casi visto como algo de gente sin ambición. El problema está en que, con el teléfono sonando, las notificaciones saltando y el email siempre lleno, cortar y tomarse un descanso es casi una batalla perdida. Pero, pensándolo bien, ¿de qué sirve seguir corriendo como hamsters en su rueda sin llegar a ningún lado?

Alex Soojung-kim Pang, un tipo que lleva más de 20 años estudiando cómo nos relacionamos con la tecnología, dice que nos hemos tragado el cuento de que para ser más productivos tenemos que estar siempre a mil. Pero, resulta que ni la creatividad ni las grandes ideas, salen de estar hasta arriba de trabajo. Todo lo contrario, necesitamos esos momentos de pausa, de silencio, para que la cabeza respire y se nos ocurran esos proyectos geniales.

Aprender a descansar como es debido es todo un arte. Antes, la gente sabía equilibrar el trabajo con el descanso. Incluso, consideraban el tiempo libre como algo fundamental. Y es que balancear el trabajo y el ocio no solo es cuestión de derechos, sino de vivir una vida de verdad plena y significativa.

Hablemos claro: bajar el ritmo y encontrar esos momentos para nosotros mismos es crucial. No se trata solo de quedarse tirado en el sofá viendo series (que también está bien de vez en cuando), sino de permitir que nuestras mentes divaguen, que las ideas bullan y que, al final, seamos más eficaces en lo que hacemos porque nos hemos dado un merecido respiro.

Busco recomendaciones de los expertos para equilibrar “el trabajo profundo” con “el descanso deliberado” y encuentro propuestas de mucho sentido común, como enfocar en algo que te apasione y sumergirse en ello.  Algo nuevo que te proporcione satisfacción similar al trabajo, pero en un entorno diferente y relajado.

No pienses en trabajo cuando estés dedicado a tu pasión. Además, no subestime el poder de tomar vacaciones frecuentes y cortas. Éstas pueden ser más reparadoras que unas pocas vacaciones largas al año, ya que ofrecen un constante flujo de anticipación, escapismo y recuperación. Nada nuevo, pero ¿por qué nos cuesta tanto hacerlo?

En resumen, la cosa va de entender que pegarse una maratón de trabajo sin descanso no nos convierte en héroes; más bien, nos podría estar jugando en contra. Tomarse ese tiempo de calidad, ya sea jugando con los niños, saliendo a pasear, o simplemente haciendo nada, puede ser justo lo que necesitamos para luego dar lo mejor de nosotros. Así que quizás ha llegado el momento de repensar eso de que el descanso es para los débiles y darse cuenta que, en realidad, es para los más listos.

Aprender a descansar