miércoles. 17.04.2024

El Barça y LaLiga: paradigmas de dos opciones económicas opuestas y un apunte final

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Leo en los periódicos que el Granada Club de Fútbol acaba de traspasar a Bryan Zaragoza (delantero malacitano de 22 años) al Bayern de Múnich por el precio de 15 millones de euros. Ese precio es una salvajada en la vida de una persona normal, pero, puesto en el contexto futbolístico, resulta ser una cifra baja.

Y esto produce la reflexión que me sirve para molestarles con este artículo, así que, con su permiso, empiezo:

Siempre me ha gustado el fútbol. Y, además, siempre me ha interesado mucho más como muestra del comportamiento social. Recuerdo que cuando era pequeño y mi padre me llevaba al estadio lo que más me llamaba la atención no era el propio juego.

En realidad, sentía mayor fascinación por la contemplación de personas con comportamientos distintos, raros, extraños, extravagantes, inexplicables. Y también me fascinaba observar cómo la suma de tales comportamientos producía un resultado global de imposible explicación.

Pocos años más tarde, viendo “La Jauría Humana” (“The Chase” en versión original), comprendí que los fenómenos de masas rara vez presentan una lógica.

Me ocurre lo mismo con la marcha económica del fútbol.

Me maravilla observar cómo la buena y mala gestión de un club de fútbol tienen consecuencias y, por supuesto, cómo los gestores siguientes tienen que lidiar con lo que se encuentran. Al fin y al cabo, lo mismo ocurre con la política de un país y sus sucesivos gobiernos.

Por eso resulta maravilloso poder observar dos crisis económicas similares y simultáneas (las del título) a las que se aplican dos soluciones opuestas.

La disparidad de soluciones había provocado que el título inicial se acercara a la expresión “sólo puede quedar uno” … pero esto es fútbol y, por tanto, sería imprudente hacer una afirmación tan categórica.

Voy con los supuestos: El Barça y LaLiga.

Ambas instituciones están sumidas en una crisis económica tremenda. Incluso ellas mismas lo reconocen.

En todos los supuestos de crisis, la ortodoxia nos dice que lo primero es reducir gasto y lo segundo es hallar nuevos ingresos.

Esto es lo que aplica y predica LaLiga a sus clubes de fútbol. Y esto es lo que ha aplicado el Granada, aceptando traspasar a su estrella emergente por un precio que (siempre en términos futbolísticos y partiendo de la expectación que ha levantado el jugador en la hinchada) parece bajo.

Sin embargo, otro club de la misma LaLiga -nada menos que el Barça- ha optado por el camino opuesto: sortear las normas de austeridad de LaLiga -¿les trae reminiscencias el vocablo “austeridad”?- a base de imaginación y ventas de activos (las famosísimas “palancas”) para seguir gastando al salvaje ritmo de siempre o incluso incrementarlo, pues no se ha contentado sólo con mantener el ritmo de fichajes, sino que ha optado por construir nuevo estadio. En definitiva, el famoso “más madera” de la traducción de “Los Hermanos Marx en el Oeste”.

Soy seguidor del panfleto de Mario C. Cipolla y, en uso de sus razonamientos, descarto que los directivos del Barça sean estúpidos o ingenuos. Por tanto, siguiendo la clasificación del autor, han de ser inteligentes o malvados.

Así pues, la directiva del Barça tiene que haber efectuado uno o dos (no son incompatibles) de los siguientes razonamientos que enuncio sucintamente:

(a) El razonamiento del inteligente: el fútbol es sobre todo ilusión. Para mantenerla lo mejor es continuar con los fichajes y con el nuevo estadio (el “Espai Barça”) pues así aumentarán los ingresos y eso nos permitirá remontar la crisis;

(b) El razonamiento del malvado: gastamos lo que queda en el convento y el que venga detrás de nosotros que se apañe con la situación que le dejemos.

Como he dicho, no son incompatibles.

Por el contrario, volviendo a la ortodoxia de LaLiga (y la mayoría de los clubes que la componen) vemos que se reafirma sus postulados de austeridad, lo que provoca que más y más jugadores y entrenadores de aquí emigren a trabajar en las ligas de la su competencia (Gran Bretaña, Francia, Alemania o Italia), lo que lógicamente:

(a) Mejora las ratios económicas de los clubes españoles, pero

(b) A su vez, dificulta vender el “producto-fútbol” que produce LaLiga en los países consumidores pues baja su brillo y la ilusión que genera, al tiempo que aumenta el de esas otras competiciones de otros países.

Como el espectador de fenómenos de masas que he descrito antes, nos queda sentarnos a ver cuál de los dos remedios da mejor o peor resultado a medio plazo.

Aquí lo dejo. Quizá debería acabar diciendo que “sólo puede quedar uno”, pero seguramente sea preferible dejarlo abierto y admitir que todo es posible para acabar diciendo que “fútbol es fútbol”, frase que sirve a la vez para no decir nada y para decir que, en fútbol y cuando se trata de masas, todo es posible, incluso que Barça y LaLiga estén en la dirección correcta a la vez. O en la errónea, veremos.

El último apunte, como prometido. Cambien por favor el contexto fútbol por cualquier otro en política económica y tendrán la misma dialéctica, sólo que con más dramatismo: Conseguir crecimiento económico a base ¿de austeridad o de políticas expansivas? ¿les suena? Pues eso, fenómenos de masas.

El Barça y LaLiga: paradigmas de dos opciones económicas opuestas y un apunte final
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