domingo. 16.06.2024

La Ventana Indiscreta

Admito que me ha encantado esta recién adquirida costumbre de utilizar títulos de películas consagradas como título de los artículos que escribo periódicamente para @economíademallorca. Por una parte, me permite escudarme en aquello de “quiero homenajear a una gran película” para aprovecharme de los réditos de la misma y me garantiza que usted, estimado lector, ya empieza la lectura con una imagen en la mente. Como dice mi admirado Quentin, el plagio es el más sincero de los homenajes. Bueno, en realidad no se si loha dicho, pero estoy seguro de que lo piensa.

Si encima el título escogido es tan evidente que como el de este artículo, ahora mismo usted ya tiene en mente la imagen de James Stewart en silla de ruedas, con una pierna escayolada y una cámara fotográfica dispuesto a meter las narices en las vidas de todos sus vecinos, con el único pretexto de contentar al Sr. Hitchcock. Cotillear, dirá usted, que eso se ha hecho de toda la vida. Sí, sí, pero una cosa es asomarse al balcón para ver que se cuece en el vecindario, y otra asomarse con lo último en tecnología para desgranar cualquier intimidad del “investigado”.

Y me replicará usted: “¿eso no es lo que hacen los detectives?”. Dicho de una forma muy folclórica, sí. Pero no es así y usted lo sabe, por artículos anteriores: hay condiciones, límites, y requisitos, para que toda esa parafernalia investigadora sea plenamente legal y legítima. Y entonces, es cuando se descubren los detectives privados reales, de aquellos que juegan a serlo, sin importarle ni prever (y en muchos casos imaginar) las potenciales consecuencias.

Y digo esto a raíz de una noticia aparecida esta semana en prensa, y en el que un empresario fue detenido por colocar un GPS en el vehículo de un trabajador que estaba de baja, utilizando para ello una SIM a nombre de un tercero, una empresa de Zaragoza, que no había dado su consentimiento para ello (es más, ni siquiera sabía de que iba la cosa).

Trabadores que están de baja de forma fraudulenta, los vemos cada semana, así como otros que cumplen a rajatabla con sus obligaciones a pesar de que las informaciones iniciales apuntaran lo contrario: los detectives no impartimos justicia. Para eso está el juez, nosotros acreditamos la realidad. Y para ello realizamos seguimientos, y de forma puntual y controlada, se utilizan GPS, conociendo sus límites, su utilización y en definitiva, aquello que en derecho se conoce como principios de necesidad, idoneidad y proporcionalidad. El empresario protagonista de la noticia, carecía obviamente de todo esto.

El resultado: Estafa, daños, delito contra la intimidad y falsedad documental. Me viene a la cabeza aquello de “he mezclado ácido clorhídrico con sulfato de cloro y ha hecho una reacción que lo flipas”. Vamos, que la ha liado parda.

Sin embargo, es más frecuente de lo que parece. Cada cierto tiempo aparece la noticia del figura que instala una cámara oculta en, pongamos, el baño de mujeres. Una cámara oculta en un bolígrafo. Y piensa que no va a llamar la atención un bolígrafo del tamaño de la torre de Pisa colgando de la puerta del baño de mujeres. Pues sí, llama la atención. Y poco tiempo después, nuestro amigo el “figura” tiene su minuto de gloria en la prensa nacional. A veces, incluso hay inducción por parte de la publicidad del citado artículo.

Recientemente, vi en RRSS un software que instalado de forma “discreta” en el teléfono de su hijo adolescente le permitía monitorizar su posición, redes sociales e incluso escuchar su entorno, o sus conversaciones, que es lo mismo. Lo cual supone directamente un delito, dado que su hijo adolescente, sí, será menor, pero no carente de derechos.

Y si pretende usted, estimado lector, insinuar que tiene un hijo adolescente que no le importa que le monitorice el teléfono hasta ese punto, mis carcajadas ante tamaña falacia se escucharán hasta el los comentarios de este artículo.

En definitiva, lo cierto es que aunque la tecnología lo permita, no todo vale. La fotografía que usted obtiene, la ubicación que usted identifica, la conversación que graba… resultan a veces fáciles de obtener, pero conocer el camino para hacerlo y que resulten informaciones válidas es cosa de profesionales.

A veces, algún poco probable cliente me ha preguntado en el despacho: ¿Pero por qué sus fotos valen y las mías no? Mi respuesta es siempre la misma: ¿Tiene usted hipoteca? ¿pagó a un notario por firmar? ¿Y por qué no firmó usted? Porque usted sabe firmar, pero su firma no tiene la validez de un notario. Sabe tomar fotos, pero eso no le convierte en detective. Seguro que hay algún buen tutorial sobre cirugía cardíaca en Youtube, pero ¿A qué no se atrevería a operar a corazón abierto a su cuñado? Salvo que no le caiga muy bien, pero esa ya es otra historia….

 

La Ventana Indiscreta