jueves. 06.10.2022

Aena ¿Seguridad o negocio?

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No es la primera vez que escribo sobre la mala política de AENA, caracterizada por una visión centralista y centrada en el volumen de negocio que pasa por encima de la vocación de servicio público que un aeropuerto como el de Palma debería tener. Sin embargo, considero necesario insistir en el tema cuando la reincidencia de los gestores de AENA pone en peligro la seguridad de los usuarios de nuestro aeropuerto.

 

El plan director del aeropuerto de Palma data de 2001, y establece un "techo" de 38 millones de pasajeros. En la actualidad estamos en los 26 millones, creciendo y batiendo récords de los que se presume. Aunque la realidad de una Mallorca al borde del colapso en los meses de verano nos indica lo contrario, los gestores de AENA insisten en las bondades de superar mes tras mes y año tras años las cifras de pasajeros. Y lo hacen ignorando ya no sólo la realidad, ni el medio ambiente, o las condiciones de vida de los hastiados vecinos del aeropuerto, sino incluso aquello establecido en su propia normativa.

 

Los planes directores deben ser revisados cada 8 años, y esto se incumple claramente porque como les recordaba, el plan director vigente del aeropuerto de Palma data de 2001, el año de los atentados del 11 de septiembre, con unas expectativas de crecimiento que no eran reales. Hace por tanto 8 años que el plan director del aeropuerto está "en prórroga", a pesar de ser el tercero del Estado en tráfico y el primero (proporcionalmente) en beneficios.

 

Por si fuera poco, el documento nº 7 de dicho Plan director, relativo al desarrollo máximo posible de esta infraestructura, establece que un máximo de operaciones por día para no poner en riesgo la seguridad, cifrado en 1.058 operaciones/día. En julio y agosto de 2016, con los nuevos récords, se superó ampliamente este parámetro, llegando a los 1.096 vuelos/día.

 

Además, en febrero el director del aeropuerto de Palma presentó el nuevo DORA (documento de regulación aeroportuaria), con una previsión de sobrepasar los 28,5 millones de pasajeros entre este año y el 2021, lo que implicaría obviamente una nueva superación del umbral de riesgo de seguridad. Los anuncios por parte de AENA de invertir en "calidad" para en realidad intensificar el tráfico aéreo en los momentos punta lo confirman.

 

En definitiva: ya sabíamos que nuestros aeropuertos eran una máquina de fabricar dinero para el Estado y para los accionistas privados de AENA. Pero jugar con la seguridad de la gente ya es demasiado: mientras nos hacen perder el tiempo en exagerados controles de seguridad y en poner los líquidos en bolsitas de plástico transparente, la avaricia que manda de los despachos de AENA y la falta de transparencia es el verdadero peligro al que deberíamos temer.

 

Informaciones que deberían darse a conocer al conjunto de la población y a los turistas, en lugar de convocar ruedas de prensa celebrando el pasajero 26 millones. Pero sobre todo, informaciones que merecen un cambio de rumbo en la gestión de unos aeropuertos que como marca nuestro Estatut, como mínimo debería ser compartida. Tendríamos mucho que decir al respecto. De entrada, estaría bien que el Ministerio de Fomento no vetara la comparecencia en el Parlament del director del aeropuerto, como ya hiciera en su día com el presidente de la Autoridad Portuaria.

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