miércoles. 30.11.2022

Competencia universal

Entrar a una farmacia a comprar un cosmético, adquirir prensa en el estanco, pan en la cafetería y hasta coches en unos grandes almacenes, se ha convertido en habitual hoy en día. Si excluimos las tiendas de conveniencia, que parecen pequeños hipermercados pero sujetos a una legislación más condescendiente, la necesidad de compensar la reducción de los márgenes de negocio por la crisis y la presión competidora, fuerzan a los establecimientos a buscar nuevas líneas de negocio para subsistir. El problema es que el surtido crece, pero también las áreas de fricción con otros comercios, generando un delicado efecto rebote sobre los beneficios y el riesgo de que la pérdida de la inhibición por contacto, como en los tumores, produzca consecuencias indeseables para el tejido económico.


En las últimas semanas hemos vivido el intento de conciliar posturas entre restauradores, pastelerías y gasolineras, tratando de evitar la que se ha interpretado como competencia desleal para quienes satisfacen los impuestos de acuerdo con su licencia de actividad. A pesar de todo, no será difícil delimitar las referencias en locales que trafiquen con mercancía perecedera o servicios de carácter personal (aunque su control eficaz parezca una quimera), pero será muy complejo poner puertas a un campo al que las nuevas tecnologías permiten la entrada sin necesidad de llamar al timbre.


Como la física y la química, que en sus extremos se tocan, la carencia y la abundancia producen efectos similares. Aún reside en nuestra memoria aquellos tenderos que acumulaban suministros de todo tipo para atender a la sociedad rural, al igual que ahora el exceso de oferta provoca el necesario crecimiento horizontal de la actividad mercantil y la proliferación de ingresos opacos al fisco. Frente a esta reacción instintiva será difícil actuar eficazmente, cuando está en juego la supervivencia de muchos autónomos e inmigrantes, que abren su reja cada mañana como la boca del que bosteza por el hambre.


Contra viento y marea, solo el esfuerzo, la especialización y el servicio podrán poner barreras eficaces a la jungla en la que se ha convertido el comercio de hoy en día y no bastará que se regule la oferta ni que se acoten los horarios de apertura para que se resista la presión de la competencia global que ha generado un mundo abierto, solo limitado por el impacto de la logística.  

 

Competencia universal
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