sábado. 20.07.2024

A propósito de la “Generación Ansiosa”

Cayó en mis manos un interesante artículo de Jonathan Haidt, autor del libro La generación ansiosa, que resumo y comparto con ustedes. Me pareció tan profundo como preocupante.

El autor plantea las graves consecuencias del uso desmedido de teléfonos inteligentes y redes sociales en los jóvenes de la actualidad. En su tesis, señala un aumento alarmante en problemas de salud mental, como depresión, ansiedad y suicidio, especialmente en la generación Z, nacida a partir de 1996, así como un declive en el rendimiento escolar y la socialización desde principios de la década de 2010.

Los efectos del constante uso de tecnología digital se extienden a los jóvenes adultos, con menor interacción social, disminución en relaciones íntimas y escaso interés en la formación de familias. Se destaca la falta de emprendedores
jóvenes en Silicon Valley como un reflejo de esta tendencia cultural. Haidt identifica a los smartphones y plataformas digitales adictivas como la principal causa de estos problemas, al desplazar la interacción social al ámbito virtual y privar a los jóvenes de experiencias y habilidades esenciales para su desarrollo y bienestar mental.

Sostiene que “la niñez y la adolescencia han sufrido una transformación radical con la llegada de los smartphones, privando a los jóvenes de la libertad, la autonomía y las experiencias necesarias para su sano desarrollo emocional y mental”. La generación actual ha perdido la oportunidad de jugar sin supervisión, asumir riesgos y experimentar la vida real, elementos cruciales para su crecimiento.

Haidt argumenta que es urgente corregir esta nueva versión de la infancia centrada en la tecnología para permitir a los jóvenes progresar hacia la adultez de forma saludable y equilibrada.

Durante la infancia, el cerebro necesita tiempo y experiencias para integrarse en la cultura, siendo cruciales para su desarrollo social y la adquisición de habilidades diversas. El juego desempeña un papel vital en el crecimiento de los niños, permitiéndoles practicar habilidades esenciales para cuando crezcan. Sin embargo, el uso desmedido de smartphones y la falta de actividades al aire libre han llevado a un empobrecimiento en el desarrollo de los jóvenes en áreas como resiliencia,
creatividad, solución de problemas e interacción social.

La constante distracción causada por los teléfonos inteligentes está impactando negativamente en la capacidad de los jóvenes para desempeñar tareas importantes y creativas. En entornos educativos, el acceso a estos dispositivos está perjudicando el aprendizaje y las calificaciones, posiblemente contribuyendo a una disminución en los resultados de pruebas educativas desde principios de la década de 2010.

Las redes sociales y los videojuegos activan intensamente las vías de dopamina en el cerebro, creando una dependencia similar a las sustancias químicas. Esta adaptación puede generar síntomas de abstinencia como ansiedad e irritabilidad cuando se restringe el acceso a la tecnología digital. La generación Z tiene una alta dependencia tecnológica y comprender estas dinámicas es crucial para encontrar soluciones y liberarse de las trampas tecnológicas.

En entornos escolares, la presión social para participar en redes sociales puede inducir ansiedad y depresión, incluso para aquellos conscientes de los riesgos asociados. Existe una dependencia colectiva a estas plataformas, donde muchos buscan convencer a otros de unirse. La adicción a las redes sociales difiere de otras adicciones al influir en comportamientos grupales. 

Los desarrolladores han aprovechado deliberadamente las vulnerabilidades psicológicas de los jóvenes, creando productos adictivos. Para contrarrestar esto, se proponen reglas como retrasar el uso de smartphones hasta la secundaria y restringir el acceso a redes sociales hasta los 16 años, promoviendo independencia y responsabilidad en experiencias no digitales.

En España hay un debate sobre cómo activar estas medidas. Al limitar la exposición temprana a la tecnología, se busca preservar experiencias significativas y fomentar un desarrollo saludable. No se busca eliminar las pantallas, sino equilibrar lo digital y lo real para los jóvenes, protegiendo su bienestar emocional y mental. La regulación de la edad de acceso a Internet y  la supervisión de empresas tecnológicas son medidas propuestas para garantizar un entorno más seguro y equilibrado para la juventud.

La colaboración entre escuelas y padres para retrasar el uso de smartphones y redes sociales puede proteger la salud mental de los jóvenes y establecer normas comunitarias, forjando un cambio significativo. Es esencial actuar ante los efectos dañinos de la tecnología en los jóvenes, reconociendo que una infancia centrada en la tecnología no es inevitable y que las acciones colectivas locales son fundamentales en este proceso de protección y recuperación de la juventud. Con la conciencia actual
sobre los efectos perjudiciales de la tecnología en los jóvenes, es imperativo tomar medidas ahora.

Quiero suponer que comparten conmigo la preocupación y las consecuencias que tiene el tema. Empiezo a mirar mi móvil con desconfianza.

A propósito de la “Generación Ansiosa”