martes. 06.12.2022

Regresa la Goldilocks economy

Tras el pequeño "shock" del Brexit, y tras los intensos esfuerzos de los Bancos Centrales, incluida la Fed, para calmar los ánimos y devolver la estabilidad a los mercados, el informe de empleo americano en junio, publicado el pasado viernes, ha tenido la virtud de hacer revivir en la mente de los inversores la idea de una "Goldilocks economy", es decir una economía con crecimiento positivo, aunque moderado, y con baja inflación, que permite mantener a lo largo del tiempo una política monetaria benigna ("market friendly").

 

El sueño de una "Goldilocks economy" se ha vuelto a instalar en la cabeza de los inversores y es, sin duda, un sueño muy seductor para unos mercados financieros que, desde hace un año, han tenido que enfrentarse a la doble amenaza de una subida de tipos por la Fed y de una economía global que no crece como se esperaba.

 

Al informe de empleo americano se unió, el pasado viernes, la expectativa cada vez más clara en Europa de que la banca italiana reciba finalmente ayudas públicas, aunque sea bajo la fórmula del "rescate preventivo" de urgencia, es decir, un rescate con fondos públicos pero a cuenta de futuras y nunca demasiado fiables devoluciones privadas de esos anticipos del Tesoro público. La banca europea se vio impulsada por esta expectativa y en la sesión de cierre semanal del viernes vimos subidas del 5% en el Santander o Societe Generale, del 8,8% en Unicredit y del 10% en Intesa San Paolo. Un rebote bancario en toda regla.

 

Las subidas del viernes han permitido a los índices americanos terminar la semana en positivo (Dow +1,1%, S&P +1,3%, Nasdaq +1,9%) pero los europeos no pudieron, pese a esa subida, evitar los números rojos semanales (Eurostoxx y Dax -1,5%, Ibex -1%) y tampoco los evitó el Nikkei, con un descenso semanal del 3,7%.

 

Es particularmente llamativa la fuerza de las Bolsas americanas, que ha situado de nuevo al S&P en territorio de máximos, a muy pocos puntos del record histórico de todos los tiempos. La nueva posición de la Fed de no subir tipos tiene mucho que ver en esa nueva aproximación a los máximos del pasado año. Si miramos lo que ha pasado este primer semestre, vemos como la subida de tipos por parte de la Fed en diciembre y la amenaza de cuatro subidas de tipos a lo largo del 2016 sembraron el caos bursátil en enero, con fuertes caídas del S&P.

 

Desde que la Fed dejó claro en marzo que como mucho subiría tipos una sola vez los mercados se calmaron, y más aún tras el referéndum Ingles, que hace pensar que no los subirá hasta el 2017. Con esta nueva música de fondo, las Bolsas americanas se han comportado bien, sorteando los problemas que han afectado a las plazas europeas, incluidos el Brexit y la crisis de la banca italiana. Es precisamente en EE.UU. donde la idea de una "Goldilocks economy" o, como diría Ray Dalio, de un "beautiful deleverage", cobra más fuerza porque es la economía más flexible, la que tiene empresas más innovadoras y globales y la que capitalizó la banca ya en 2008, lo cual permite que la transmisión de las políticas monetarias sea efectiva, a diferencia de Europa y Japón.

 

De esta forma los índices americanos cabalgan sin problemas y tal vez el único factor que pueda perturbar ese buen tono sea la posibilidad de un triunfo de Trump en las elecciones presidenciales de noviembre, triunfo que podría traer otro "momento Brexit" a los mercados financieros. Si gana Trump es más probable que la Fed suba los tipos olvidándose de los condicionantes "externos", sobre todo si aparecen señales de inflación, y, además, es casi seguro que habrá un giro al proteccionismo, algo que no gusta a las Bolsas, como se ha visto con el Brexit.

 

Más allá de esos "momentos" o situaciones especiales, el fondo de la cuestión es otro. El fondo es que la economía no acaba de crecer y que la situación de tipos nominales negativos es insostenible en el tiempo, entre otras cosas porque destruye a buena parte de la banca y del sector asegurador, además de golpear duramente al patrimonio de los ahorradores e incentivar la acumulación de deuda. Esta es la realidad que pesa desde agosto de 2015 sobre los mercados y que seguirá pesando hasta que no se normalice la política monetaria. Esa realidad se manifiesta unas veces en forma de devaluación del yuan, otras en forma de "Brexit", otras tal vez en forma de triunfo de Trump, pero el fondo es el mismo.

 

Esta semana empieza la temporada de resultados en EE.UU., con Alcoa abriéndola, y tenemos también algunos datos económicos como el IPC americano de junio (el chino ha salido este fin de semana con subida de una décima hasta el 1,9%), la encuesta manufacturera de Nueva York o el sentimiento del consumidor de Michigan. Hay también numerosos datos en China y contaremos con muchas intervenciones de miembros de la Fed, seguramente con el mismo discurso de calma para los mercados. En la zona euro seguiremos digiriendo el problema de la banca italiana, que cada vez parece más destinado a terminar en alguna fórmula de rescate público.

 

De momento, lo que cabe esperar es mucho ambiente de "Goldilocks economy" y muchas ganas de batir el récord histórico del S&P, que es el tipo de cosas que le gustan a los operadores de Wall Street y que, por tanto, ocurrirá probablemente esta próxima semana.

 

Aprovechando las subidas, que previsiblemente continuarán en los primeros días de esta segunda semana de julio, reduciríamos la exposición a activos de riesgo y aumentaríamos los niveles de caja.

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