sábado. 26.11.2022

Problemas no resueltos

La semana de cierre de septiembre ha sido, tal y como anticipábamos en nuestro anterior comentario, una semana sin demasiadas variaciones, con subidas muy suaves, casi imperceptibles, para el S&P, el Dow y el Nasdaq, y con recortes, tampoco muy significativos, para las Bolsas europeas.

 

Sin embargo, como ya ha sucedido en otras ocasiones, no podemos decir que la semana haya sido tranquila, sino más bien todo lo contrario. La jornada de cierre del viernes, con los índices europeos oscilando casi un 3% intradiario, pasando de los fuertes recortes iniciales a las subidas de la última hora de la sesión, es el reflejo de lo que había sucedido los días anteriores, en los que las Bolsas habían vivido, sucesivamente, una jornada de desánimo seguida de otra de optimismo, y viceversa. La misma volatilidad se ha visto en las materias primas, con el petróleo pasando de los 44 dólares barril (WTI) del lunes a los 48 dólares a los que cerró el viernes, y el oro por el contrario bajando desde los 1.340 dólares la onza del lunes a los 1.315 de cierre semanal el viernes.

 

En lo que a las Bolsas se refiere, la causa de esos giros ha tenido esta vez nombre propio, y ese nombre propio es Deutsche Bank. El lunes cundía el pánico, tras las declaraciones de la canciller Merkel diciendo que el Gobierno alemán no iba a rescatar al gigante bancario en caso de problemas derivados de la sanción impuesta por las autoridades norteamericanas. El miércoles, por el contrario, la venta de su división de seguros londinense por algo más de mil millones de euros animó la cotización del Deutsche y dio impulso a las Bolsas en general. El jueves volvían los recortes marcando las acciones del Deutsche su mínimo histórico de todos los tiempos, y provocando recortes superiores al 1% en el S&P. Recortes que continuaron al empezar la sesión del viernes, hasta que el rumor de un posible acuerdo con las autoridades americanas para rebajar la multa fue recibido con euforia.

 

Al final, las acciones de Deutsche han logrado cerrar con una ligera ganancia semanal y la evolución de los índices, de viernes a viernes, no refleja, como decíamos al principio, ninguna sensación de inquietud. Los tres grandes indicadores americanos (S&P, Dow y Nasdaq) han subido, bien es verdad que de forma casi simbólica, cerrando otro trimestre positivo. En la zona euro, el Eurostoxx ha caído un 1% en la semana y acumula una pérdida anual del 8%, pero el tercer trimestre ha sido el primero de este año en el que las Bolsas europeas han subido, casi el 5% en el caso del Eurostoxx. En Japón las cosas han ido peor, con una caída semanal del Nikkei del 1,8% que le lleva ya a acumular una pérdida en el año del 13,6%, un poco menos del 15% que se deja en lo que va de año el Shanghai Composite. El MSCI Emerging Markets de las Bolsas emergentes, sin embargo, gana un 13,7% en el año, en dólares.

 

Pero pese a este escenario aparentemente tranquilo, la pregunta es ¿por qué un solo Banco, por muy importante que sea, arrastra a todos los índices bursátiles?

 

La respuesta es que Deutsche pone encima de la mesa problemas no resueltos, que trascienden al propio Banco. El problema de Deutsche no es solo la cuantía de la multa impuesta en EE.UU., el problema esencial es la opacidad de su Balance y la sensación de que sus activos, que suman casi dos billones (trillions) de euros (1,8 en concreto) podrían esconder deterioros mayores que los reconocidos, sobre todo en la parte de activos del llamado "level 3". Las políticas monetarias practicadas por los Bancos Centrales han facilitado un ajuste suave y gradual de los balances bancarios, pero, por eso mismo, hay todavía entidades que necesitan ajustar más, como es el caso de algunos Bancos italianos y, tal vez, del Deutsche Bank y otros Bancos europeos.

 

Deutsche no va a ser el "Lehman europeo", porque lo sucedido en septiembre de 2008 con Lehman es irrepetible, pero Deutsche simboliza las dudas que generan los balances bancarios en la zona euro, dudas que en otras latitudes, por ejemplo en China, puede ser aún mucho mayores. Por no entrar en la imperiosa necesidad de conseguir dólares que tienen algunas entidades e instituciones japonesas, lo cual, combinado con los tipos negativos en Japón, provoca un impacto alcista en la evolución del yen bastante sorprendente.

 

Hasta el momento, las Bolsas europeas han cerrado dos trimestres a la baja y uno al alza en el 2016. En el tercer trimestre el sector bancario ha subido más de un 10%, pero partía de niveles muy deprimidos tras el brexit, y aún después de la subida del tercer trimestre, todos los Bancos europeos del Eurostoxx acumulan en el año caídas superiores al 20%, salvo BNP que cae "solo" un 12%. Da la impresión de que hay un problema de credibilidad no resuelto, que va más allá del problema puntual de Deutsche Bank, y por ello habrá que estar muy atentos a las cuentas del tercer trimestre del sector bancario.

 

Esta primera semana de octubre hay datos macroeconómicos importantes, como los ISM de manufacturas y servicios de septiembre en EE.UU., y los PMI preliminares de manufacturas, de servicios y compuesto en la eurozona. El viernes se pública el informe de empleo americano de septiembre, que siempre se mira con atención como "proxy" de lo que vaya a hacer la Fed, aunque la Fed probablemente ahora tenga otras cosas a las que prestar atención, como por ejemplo el impacto de sus decisiones en los balances bancarios de entidades sistémicas no americanas.

 

Con la campaña electoral americana ya lanzada y sin reuniones de Bancos Centrales a la vista (la primera es la del BCE el 20 de octubre) no vemos a corto plazo catalizadores capaces de mover las Bolsas en una u otra dirección. El efecto de las últimas reuniones de la Fed y del Banco de Japón se ha diluido muy rápidamente, como era de esperar, y las palabras de la presidenta Janet Yellen, el pasado miércoles en su comparecencia ante el Congreso, de nuevo se basaron en un lenguaje ambiguo, al decir que los tipos subirán en 2017 "si la economía va bien", y que no parece que sea necesario endurecer "en gran medida" la política monetaria. Decir esto y no decir nada es casi lo mismo.

 

Si tuviésemos que apostar por algo, esperaríamos más bien correcciones muy suaves, hasta que empiecen a publicarse los resultados del tercer trimestre, y hasta que avance un poco más la campaña presidencial americana. Suena aburrido pensar en otra semana básicamente lateral, pero la verdad es que parece el escenario más probable.

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