martes. 04.10.2022

Mi vecino, el turista

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De unos años a esta parte cada vez es más común ver en la cola de la frutería o en la tienda de debajo de casa turistas con aspecto nórdico realizando sus compras, o incluso comiendo en el restaurante de la esquina.

 

Son una clase de turistas muy diferentes a los que prefieren encerrarse una semana en su hotel con “todo incluido” y salir únicamente para busca diversión, sol y playa.

 

La celebración de la Feria Internacional de Turismo (Fitur) la pasada semana en Madrid ha dejado una buena cantidad de titulares en los periódicos, entre ellos el anuncio por parte del Govern de querer limitar el turismo residencial.

 

Personalmente estoy en contra de esa limitación y, en caso de querer poner restricciones para evitar la masificación y el consumo desmesurado de recursos, hacerlo con los “todo incluido” ya que es un formato que no aporta nada o casi nada a nuestra economía y afea Mallorca como destino.

 

No obstante, el turismo residencial sí que necesita un marco legal y fiscal bien definido, como cualquier otra actividad económica. Los propietarios tienen todo el derecho a querer sacar un provecho de sus viviendas y deben poder hacerlo con seguridad jurídica.

 

Cuando hablamos de turismo residencial lo estamos haciendo de una clase de visitante que gasta desde el primer momento que pisa nuestra tierra. Busca sumergirse en nuestro día a día, en nuestra cultura, en nuestro paisaje, en nuestra gastronomía… en definitiva: en esa Mallorca real que los propios isleños queremos y a la que también debemos respetar.

 

Se trata además de un gran entusiasta de los productos y comercios locales y cuya riqueza se reparte entre todo el tejido económico de la isla, en lugar de quedar atrapado en los grandes complejos hoteleros. Además, dada su propia naturaleza, es una clase de turismo que no está tan sujeto a los meses de verano y contribuye a alargar la temporada alta.

 

Sin duda, el trabajo no lo debemos dedicar a limitar, más bien a conseguir mejor calidad en lo que ofrecemos. Gracias a ello también nuestro turista será mejor y, sin duda, no tan limitado a unos determinados meses al año.

 

Tenemos prácticamente 10 meses de temperaturas muy agradables y un territorio más que envidiable, ahora nos falta trabajar para organizar eventos culturales, deportivos, etc. que nos hagan aún más atractivos para que nos visiten también fuera de temporada alta y dar a conocer en el extranjero nuestra otra Mallorca, que seguro bien sabremos promocionar.

 

Desde de Pimeco abogamos por el equilibrio en todos los aspectos referentes a nuestra economía. Así como defendemos un equilibrio entre las grandes superficies y el comercio tradicional, ya que es positivo tanto para el consumidor como para los empresarios y emprendedores.

 

De igual manera creo que debería conseguirse un equilibrio entre la oferta hotelera y la residencial. Sería positivo tanto para la imagen de Mallorca como destino como para las propias cadenas, ya que podrían modernizar su oferta y lograr una mayor calidad.

 

Y desde luego lo sería para todos nuestros comercios, quienes disfrutarían de unas ventas que en estos momentos les siguen siendo aún esquivas.

Mi vecino, el turista
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