martes. 16.08.2022

Tentaciones en el lineal

Comprar vino. He aquí un dilema grave. Porque a falta de tiendas especializadas en nuestras ciudades, aunque el problema cada vez se vuelve menos pues empiezan a brotar significativas propuestas que tratan de ofrecer la experiencia de catas, cursos y una mayor información donde el beneficiado es el mundo del vino y sus adoradores, tendremos que tirar de lineales de supermercados, de grandes superficies, o de si ha caído en nuestras manos el teléfono de algún distribuidor profesional, con lo que en este último caso, las compras pueden salirnos mucho mejor de precio, y podremos adentrarnos en otro universos. Aunque ahora gracias a la red podremos decidir, desde el sillón de casa, desde el trabajo usurpándole algunos minutos de nuestra esclavitud a nuestro magnánimo jefe, o sentados en cualquier café con wifi, acercarnos a las propuestas que muchas páginas de ventas de vino nos ofrecen, convirtiendo la posibilidad de elección en una duda casi hamletiana o de gobierno que no se decide a formarse, por no irse muy lejos.


Los vinos que encontramos en lineales, supermercados y grandes superficies son vinos que por lo general la industria vinícola los lanza para el consumo en el hogar, aunque hay algunos valientes que juegan a doble carta, la del distribuidor profesional y la del lineal, con la posible sorpresa de que cuando veamos el precio que paga el ama/amo de casa se nos caiga el alma a los pies por el precio que el desalmado del restaurante nos cascó: una cifra imperdonable. Porque esa costumbre, demasiado extendida de que con la primera copa quieren pagar la botella descorchada, hace mucho daño al mundo del vino, y no favorece en nada a quien quiere conocer las novedades a fuerza de visitar barras de modélicos “wins bar”.


Un ejemplo de ese tipo de vinos es la línea que el bodeguero mallorquín José Luis Ferrer, que inició en el ya lejanísimos 1931 su andadura embotellando las uvas que la zona de Binisalem, suele proponer en muchos de los supermercados de la isla. Tal vez su vino más emblemático y reconocible sea el Crianza, con su etiqueta amarilla y una franja roja cruzando el ángulo superior izquierdo. Elaborado  con un  60% de Mantonegro, siendo el resto Cabernet Sauvignon, Tempranillo, Callet y Sirah.


El vino es muy agradable, presentado un bonito color violáceo, con una capacidad olfativa reseñable  y un resultado en boca que nos hace sentirnos felices por la elección que tuvimos al llevarnos esta botella que se puede encontrar por 8, 50€. La nota de cata de la bodega habla de “frutas rojas silvestres, matices balsámicos y torrefactos. Recuerdos a notas de cacao, frutos secos”. Sin ser de manual estas adjetivaciones  sí que muestra verdad, y seguro que podremos conservarlo bastante tiempo, si es que lo olvidamos en algún  armario, pues aporta notas de fresca acidez, que nos indican, el vino siempre suele muy clarito cuando se muestra y se le quiere prestar atención, que podrá resistir el paso del tiempo sin demasiado destrozo en su formulación.

La propia bodega hace un esfuerzo con otra línea más cuidada, es cierto, y son vinos algo más subidos de precio, que oscilan, sin Iva, entre los 9,82 del Moll y Chardonay llamado Veritas, que ha madurado sobre lias durante tres meses, (que son unos microorganismos, generalmente levaduras, que aportaran al resultado final propiedades organolépticas muy estimulantes y maduras), hasta el Ferreret elaborado con Gorgollasa, uva autóctina de la Baleares que se creía desaparecida, pero que felizmente ha recuperado la bodega, que llega a alcanzar un precio de 15,70, siempre sin impuestos.


Si alguna vez encontramos estos vinos el lineales, cosa altamente difícil, pues la bodega ha decidido llevar estos productos al mundo de la restauración, veríamos que mientras  el aumento que le aplica  el vendedor no supera nos 18%/24%, el que el restaurador llega a cargar puede alzanzar algunas veces hasta un 300%. Lo que convierte un vino de 15 euros en un objeto de 45 o 50. Y así, ante esos precios, nos resulta difícil darle alegría a nuestro cuerpo con estos excelentes trabajos.


Deberíamos de mirar mejor en los lineales, y más que buscar los vinos que colocan a nuestra altura ocular, agachar el lomo y hacer recorrido por las partes más bajas de las estanterías, donde suelen descansar propuestas menos reconocidas, pero con precios muy beneficiosos.


¿Vinos de lineales? Sí, por supuesto, más si se les mima y cuida, y no caen en el olvido, y alguien tiene la voluntad de explicar, como ha decidido Makro. Aunque cada vez es más difícil ver trabajadores en la grandes superficies, el modelo alemán tipo Lidl o Aldi castiga al consumidor en esas instalaciones sin mucha ayuda para la información, aunque hayan hecho esfuerzo, en el caso de Lidl, de organizar ferias con precios muy competitivos y asesorados por gurús que promueven guías que tratan de ayudar a discernir, y poseen, envidiablemente, una gran información que saben vender adecuadamente.


Siempre es preferible la especialización. Pero ante la duda, la necesidad y el horario, no es malo echar mano de vinos como estos de Ferrer. Nobles y muy agradables de beber. Incluso para darle algunas vueltas en la copa, sorprenderse con los espíritus que esconde y agradecer el trabajo bien hecho.

 

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